lunes, 22 de septiembre de 2008

No hay indios en ninguna parte



DIA: JUEVES 28-08-2008
TRAYECTO: RORAINOPOLIS - MANAUS
HORA SALIDA: 8:04 AM
KMS. RECORRIDOS: 482 kms.
HORA LLEGADA: 7:30 PM
TIEMPO: SOLEADO CON NUBARRONES Y LLUVIOSO AL FINAL
CARRETERA: DOBLE VIA CON MUCHOS HUECOS – RESERVA INDIGENA “WAIMIRI ATROARI” SIN ASFALTO Y MILES DE HUECOS

La siguiente etapa tomé yo el volante y partimos temprano en la mañana, fue un largo y caluroso día, manejando por la peor ruta. Muchos huecos en el asfalto que nos impedían ir a más velocidad para ganar tiempo. Nuestra dificultad es que llevábamos mucho peso en el techo y el portaequipajes no era cien por ciento seguro, más el peso de nosotros. Siempre buscando no lastimar a Rosaguiver y quedarnos varados en la ruta por querer ir más rápido. Adoptamos la costumbre de que en la mañana, Mónica era mi copiloto. Para servirme el café, claro. Y Aníbal aprovechaba para echar un sueñito o jugar con Martín Hicimos varias paradas, como en Jundía que desayunamos casi a las 11 de la mañana y comimos las mejores coshinas de todo nuestro viaje por el amazonas. Nos las sirvió una encantadora abuela, que con mucha paciencia atendió nuestras preguntas en un portugués malo y nos dio de regalo unos cuantos consejos de ruta.
Y luego la reserva Indígena Waimiri Atroari. Una experiencia única, no por los indios pues pocos vimos. Pero la vegetación es impresionante y temerosa, hermosa y llena de los sonidos de los animales que la habitan. Y como no hay carretera asfaltada, sino hueco tras hueco y debes ir despacio, tienes todo el tiempo del mundo para admirar las maravillas de la naturaleza. Y entre bromas de los chicos con respecto a los supuestos indígenas que no vimos y buraco tras buraco, seguimos nuestro camino. Este tramo tiene una extensión de 125 Kms, de los cuales los primeros 70 nos tardamos casi 4 horas en recorrerlo.
Luego mejoró bastante y pude hacer más Kms, pues debíamos llegar a la siguiente ciudad que era Manaus para buscar donde dormir y comer. Nuevamente el paisaje nos dejaba boca abierta a todos, después de una intensa selva, comenzamos un camino de montaña con largas subidas y bajadas impresionantes. Cual montaña rusa, otra vez comenzó la llovizna y a caer la tarde, parecía que nos alejaban la ciudad cada vez más. Cada 200 kms., más o menos buscábamos una estación de servicio para darle de comer a Rosaguiver y estirar un poco las piernas. Unas carreritas a los baños y algo para el estómago que nos mantuviera contentos hasta la parada final del día.
Ansiábamos conocer la línea del Ecuador y nuestros ojos estaban atentos a cualquier cartel que nos diera una pista. La emoción de estar a la mitad de la tierra era una experiencia inigualable, que cuando llegamos a tan esperado punto, nos quedamos todos con los pelitos de gallina. Reimos, saltamos, y nos tomamos fotos. También dejamos nuestra huella.
Nuestra llegada a tan inmensa ciudad, fue bastante bien. El tráfico es impresionantemente rápido y abundante. Sin quererlo nos desviamos hacia el aeropuerto y allí busqué ayuda para llamar por teléfono, un buen samaritano taxista, nos prestó su celular que de nada nos sirvió, pero nos guío personalmente hasta un hotel. Muy acertado pues era en el centro y a menos de 4 cuadras del puerto. Como ya era de noche, notamos que toda la ciudad está perfectamente iluminada y que muchos vehículos circulaban solo con las luces de posición. Nosotros no nos quedamos atrás y todo el trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel, lo hicimos así. No era necesario llevar más luces, que maravilla, no????
Este era nuestro tercer hotel en Brasil y no nos decepcionó, aunque no tenían habitación para cuatro personas, nos dieron el cuarto más grande donde había tres camas y agregamos uno de nuestros colchones inflables. Excelente atención, pudimos cenar allí mismo en el hotel y luego nos fuimos a dormir. Manaus es una ciudad muy grande y hermosa, queríamos conocerla, debía llamar a Joao. Una persona que conocí por Internet cuando buscaba información para viajar, yo creía que el vivía allí y ese día descubrí que él aún estaba más lejos. El me puso en contacto con alguien que nos iba a conseguir el viaje por barco o balsa. Esperábamos que fuera para el día siguiente y así hacer algo de turismo. En esto fallamos o por ignorancia pecamos. Al irnos a caminar, ya que el puerto estaba cerca, comenzamos a preguntar precios para la balsa. A cada puesto que preguntábamos nos salía cada vez menos, más en algo todos coincidían: debíamos embarcarnos ese mismo día. Todas las balsas que podían llevarnos juntos, es decir a Rosaguiver y nosotros, partían los viernes. Si no debíamos esperar hasta el otro viernes y eso era mucho tiempo y dinero. Tiempo nos quedaba poco si queríamos embarcar, no sabíamos que hacer. La persona que debía embarcarnos no daba señales de vida y al tratar de llamarlo, el celular le salía apagado. Llamamos a Joao nuevamente, nos aconsejó embarcarnos de una vez. Corrimos como nunca hasta el puerto a ver si aún quedaba pasaje disponible y luego corrimos a comprar chinchorros (hamacas) y recoger todas nuestras cosas del hotel y salir al puerto. Creo que batimos los records de armar y desarmar “la lona”. Así le decíamos a nuestro equipaje arriba del techo. Toda una experiencia en la cual nos volvimos expertos, pero en armarla cada día de diferente forma.

2 comentarios:

Común dijo...

Hola!!!!!!!!!!!

Que Liendo es seguir viajando con vos, me encanta tu recorrido, y me encanta cuando decís “huecos”, nosotros decimos baches, pozos...............jijijiji, espero que estés disfrutando mucho y saques la mejor de las experiencias.

Un besote y abrazo de oso.

Anónimo dijo...

Bien Carla, vamos todavia !!!
Saludos de ya sabes quien
EL TOBA, la chispa de la bujía no? ja jaja