sábado, 6 de diciembre de 2008

Tropezando con la misma piedra





DIA: LUNES 08-09-2008
TRAYECTO: SONORA- CAMPO GRANDE
HORA SALIDA: 10:00 AM
KMS. RECORRIDOS: 363 kms.
TIEMPO: SOLEADO
CARRETERA: BUENA





Nunca he sido una fiel creyente del destino, pero estoy clara que las cosas pasan por que deben pasar. Pero si creo en los refranes y estos nunca fallan. Quizá en nuestra euforia de volver a la ruta, la que ya era nuestra compañera y amiga, la que nos entretenía y enseñaba las maravillas de la naturaleza y el hombre. Nos olvidamos de ser un poco más precavidos en cuanto a Rosaguiver, sabiendo que él, más que ninguno de nosotros era quien debía estar “al pelo” en todo momento.
Mi compañero de 22 años, mi amigo, mi confidente, mi paño de lágrimas, por quien he luchado tanto como por mis hijos, no estaba conforme con lo que le habíamos reparado y no tardó en decirnos que paráramos. A pocos kilómetros de Sonora, con un sol que rajaba la tierra, otra vez en medio de la nada, nos detuvimos a ver que pasaba. Esta vez estaba más enojado por que echaba humo. Nuevamente se había quemado el electro ventilador, las aspas eran más grandes que las originales y con la fuerza del viento de la ruta y los camiones, se torció y se pegó del protector. Cuando menciono que tal vez nos descuidamos, es criticándome a mi misma, ya que cuando Elio lo estaba cambiando yo pensé en que quizá hubiera sido mejor dejarle la carcaza que traía del otro auto que nos hizo el favor. Pero luego al verlo montado y girando sin problemas, yo misma me confié.
Esta vez lo más cerca que había como a un kilómetro, eran unos hombres que estaban reparando la ruta. Mandé a Aníbal y Mónica a que fueran a ver que ayuda podíamos conseguir. Mientras yo me quedaba con mi amigo y mi hijo, enojada y frustrada, un poco desesperada. Dándome ánimos a mi misma, recordando otros refranes que me daban consuelo. Como: “Dios aprieta, pero no ahorca”, recordando que quizá en la ruta había algo que nos haría daño y por eso, Dios, los Angeles o mi Virgencita de Luján, nos estaban protegiendo.
Cuando los chicos volvieron, sedientos, acalorados y también frustrados de no conseguir nada. La solución era pedir ayuda a los que pasaban, casi todos eran camiones y nos miraban al pasar, con esa expresión en sus rostros de “un coche rosa, ja”. Sin pensarlo mucho, al primer auto que vi, le salí al medio de la ruta, haciendo señas sin darle muchas opciones. O te paras, o te paras! Resultó ser una señora que me miró con cara de pocos amigos y en mi triste portugués, le pedí que me ayudara. Por supuesto no quiso llevarme a ningún lado, cosa que tampoco hubiera hecho. Dejando a los chicos solos, pero ella me dijo que como a 2 kms, había gente o algo así y que llamaría para pedir ayuda.
Al principio no le creí mucho, ya que su cara no me dejaba ver si me daría una mano, y pensé esperaré unos 15 o 20 minutos y paro otro auto. No hizo falta esperar ese tiempo cuando nos llegó una moto taxi y un auto. Ambos nos dijeron que la señora les avisó y vinieron sin pensarlo. El del auto era un “boracheiro” (un cauchero para los venezolanos y un gomero para los argentinos) quien enseguida me dijo que no me preocupara que todo se iba a solucionar, habló con el de la moto, que se fue. Pusimos agua a Rosaguiver, los chicos se fueron con el Sr. Y yo poco a poco y controlando la temperatura del auto, nos dirijimos a 2 kms más adelante donde este señor tenía su borracharía, con tan buena suerte que también había una churrascaría abierta allí, con todos los servicios que pudiéramos necesitar. Este señor, se llama Misael y nos atendió de tal manera, que lo primero que pensamos era que quizá pensara que teníamos mucha plata y que ese era su “día”.
Comenzó a llamar por su celular, pidiendo el repuesto, con poco éxito al principio, luego se puso con Aníbal a desarmar el electro y tratar de arreglarlo, mientras seguía llamando y llamando. Hasta que alguien dijo que lo tenía y que lo traería para ver si servía. Ni que decir la sorpresa que nos llevamos cuando a los 20 minutos, se aparece un tractor conducido por un campesino, que al apearse de su simpático móvil, traía en su mano una bolsa de arpillera. Nosotros expectantes mirábamos la bolsa con el corazón en la boca y el grito de alegría fue unánime hasta con Misael, al ver que el repuesto que este hombre traía era exactamente igual al que se nos quemó la primera vez. Tanto así que Aníbal de inmediato lo instaló sin siquiera probarlo, mientras yo trataba de que Misael me dijera cuanto me iba a costar todo. Otra vez el se puso a llamar por su celular pidiendo precios de referencia y hablando con el campesino, hasta que llegamos a un acuerdo conforme para este señor. Obviamente yo pensaba que Misael también cobraría su parte, pero este me dijo que “NO”, que ya el estaba pagado por Dios.
No puedo decir como me sentí en ese momento, él diciéndome que allá en el cielo siempre hay alguien que te está viendo y te ayuda, que el solo deseaba que nosotros continuáramos nuestro camino sin más problemas. Estaba tan contento y demostraba su alegría felicitándonos y dándonos ánimos en nuestra aventura. Y aunque igual yo le di algo de dinero con lo que se ofendió un poco. Creo que esta vez puedo decir “EXTRA GRANDE MISAEL”.
Con abrazos y besos, gracias y más gracias nos despedimos de Misael y continuamos nuestro camino hasta Campo Grande, donde llegamos de noche, bastante cansados y exhaustos, pero sanos y salvos……

1 comentario:

Marcel del Castillo dijo...

hola esta muy interesante tu blog y la musica que le tienes